A la sombra del Sueve, por el territorio de los dinosaurios

Entre La Isla y Lastres

acantilados de huerres

Hacía tiempo que no fijábamos nuestro rumbo hacia zonas más occidentales, así que decidimos volver a encontrarnos con esta parte de la costa que teníamos tan abandonada. La ruta en esta ocasión nos llevó desde el coqueto pueblo veraniego de La Isla hasta la espléndida villa marinera de Lastres, un trayecto por territorio jurásico, muy distinto del paisaje de la costa oriental, habitual zona de nuestras salidas marineras.

El embarque es tranquilo en la playa de La Isla, un abrigo natural que ya supieron utilizar los romanos como puerto-embarcadero  por el que, según las crónicas, se cargaban caballos Asturcones en dirección a Roma. Las primeras paladas nos llevan en dirección al Peñón (Castiellu como lo llaman en el pueblo) con la intención de rodearlo para contemplar el maravilloso escenario que se nos presenta desde aquí hacia el lado de tierra: el Sueve, esa gran mole aislada que separa esta parte de la costa del interior,  parece desde aquí precipitarse sobre nosotros. A esa hora de la mañana la bruma difuminaba sus formas dando la impresión de ser una gran silueta.

el sueve desde la isla

Perdemos de vista el Sueve mientras navegamos por las cristalinas aguas de los acantilados de Huerres ya con el blanco caserío de Lastres claramente distinguible al fondo; pero aún nos queda ruta y la parada de rigor que sólo puede ser en un lugar: la roca de las huellas, al principio de la playa de la griega, donde un antiguo suelo blando conservó la impronta de los dinosaurios que caminaron por estas tierras durante el Jurásico. Como la mayoría de las veces, la maniobra de desembarco no está exenta de dificultades y emociones, pero merece la pena contemplar estos increíbles restos de épocas tan lejanas en tan buen estado de conservación. Menos dificultades nos ofrece la vuelta al mar, donde nos espera de nuevo el majestuoso el Sueve, con la cruz del Pienzu coronando las alturas, ofreciéndonos esta vez una imagen nítida de toda su fisonomía ya disipada la niebla; ahora ya nos acompaña el resto del camino mientras cruzamos las playas de la Griega y Lastres para dirigirnos finalmente hacia el puerto pasando al lado de los inquietantes restos del antiguo pantalán de carga para el carbón de la mina de Carrandí, que recuerdan al esqueleto de un animal jurásico varado en la costa.

 

puerto de lastres

La entrada al puerto de Lastres es tranquila, allí nos esperan para cargar nuestros kayaks pero antes, no podemos reprimirnos y echamos una última mirada al Sueve.

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